La Presentación de nuestro Señor Jesucristo

Homilía del Arzobispo Desmond Tutu en la Catedral de Southwark (Febrero de 2004)

Hace mucho tiempo, las personas inteligentes decidieron que el cuerpo humano, la carne y las cosas materiales, que todo ello era en sí mismo intrínsecamente malo, en sí y por siempre. Así que no había manera de que lo bueno, lo puro, lo sublime y, por definición, el buen espíritu pudiera estar perfectamente unido con lo material. Para estas personas, los dualistas, la encarnación, Dios, espíritu puro, convertirse en un ser humano era totalmente y, por principio, y siempre, fuera de cuestión. La gente pensaba que Dios era hecho carne en Jesucristo, bueno, eso era todo una farsa. ¿Podría usted imaginar a Dios todopoderoso, Dios eterno, muriendo? Cuando fue crucificado, no era realmente Jesús/Dios muriendo.

Usted y yo podemos pasar todo esto por alto y decir: “Qué extraño”, pero no son todos los argumentos dualistas, hay algo realmente peor, ¿No hemos sido a veces avergonzados por nuestro físico, cuando han encontrado que es atractivo para participar en las dicotomías familiares como entre lo sagrado y lo secular, lo profano y lo sagrado? Cuando hemos pensado que el pecado original, de alguna manera debe tener algo que ver con los hechos de la vida, un poco de risita, como si cuando Dios le dijo a Adán y Eva: “Sed fecundos y multiplicaos”, ¡Dios considero que lo harían tal vez mirando a los ojos de los demás!.

Y hemos escuchado tantas y tantas veces: “No mezclar la religión con la política”, en gran medida por la posición filosófica dualista. Y basta ver la maraña en la sexualidad humana sobre gays, lesbianas y etc.

No es probable que el Jesús que adoramos colaborara con aquellos que difaman y persigan a una minoría y a los oprimidos. Yo mismo no podría haberme opuesto a la injusticia de penalizar a la gente por algo que no podían hacer -su carrera- y he guardado silencio mientras las mujeres estaban siendo castigadas por algo que ellas no podían hacer -su género- y por lo tanto mi apoyo, entre otras cosas, para la ordenación de mujeres al sacerdocio y el episcopado.

E igualmente, no podía guardar silencio mientras la gente estaba siendo penalizada por algo ante lo que no podían hacer nada, su sexualidad. Porque es tan improbable que cualquier persona normal, en su sano juicio, deliberadamente elija un estilo de vida que le exponga de tal manera.

El Dios que adoramos ha tomado nuestro ser material físico porque Dios declaró acerca de todo lo que Dios había creado -materia y espíritu, todo- no sólo dijo que era bueno, Dios dijo que era “muy bueno”. Es por eso que decimos en el Credo Niceno: “creador de todo lo visibles e invisible”. Ese asunto no es recalcitrante, hostil y antagónico al espíritu y por eso Dios pudo y llegó a ser un verdadero ser humano, un bebé de verdad, que pertenece a una pareja en particular que tienen nombres, que vivían en un pueblo real y específico, Nazareth, en una parte real, del mundo real creado por Dios, que pertenece a una comunidad real, con leyes particulares y específicas, normas y costumbres reales.

Así que los padres de este bebé obedecieron la ley y trajeron al bebé para ser redimidos por el primogénito varón que pertenecía pues, a Dios. Dios tomó la historia del hombre en serio y cumplió las promesas que Dios había hecho anteriormente a un Simón y a una viuda fiel, Ana. Dios se hizo un ser humano real, Dios asumió nuestra humanidad -¿por qué? Otras personas inteligentes dijeron que Dios se hizo hombre para que nosotros pudiéramos llegar a ser Dios. La epístola de San Pedro habla audazmente de nosotros como participantes de la naturaleza divina.

En esta Eucaristía, vamos a mezclar el agua y el vino en el cáliz y el sacerdote dice una oración notable: ‘Oh Dios, que maravillosamente hiciste y maravillosamente creaste renueva la dignidad de la naturaleza del hombre, haz que por el misterio de esta agua y vino, puedan ser hechos partícipes de la divinidad, que compartió nuestra humanidad”.

Dios usa todos los días, las cosas materiales y mundanas para comunicar la misma vida de Dios, por lo que el cristianismo, como el Arzobispo William Temple solía decir, es “la más materialista de todas las grandes religiones”. Sí, estamos hechos de la naturaleza divina, Dios se convirtió en un ser humano, para que pudiéramos llegar a ser como Dios.

La Iglesia Ortodoxa tiene mucho más de nuestra llamada “deificación” de lo que usted podría recordar cómo en la epístola a los Efesios, el autor habla de nosotros como los que van a estar llenos de la plenitud de Dios -sí, hemos sido creados a imagen de Dios, es nuestro destino, nuestro destino para ser semejante a Dios, para que seamos perfectos, como nuestro Padre celestial es perfecto.

Así, en el Antiguo Testamento, Dios exhorta al pueblo de Dios a ser santos “como yo, tu Dios, soy santo”, y aunque este mandato se da en el libro de Levítico, que gasta una gran cantidad de tiempo en las minucias de, cosas rituales de culto, resulta que esta santidad que Dios demanda del pueblo de Dios no tiene nada que ver -o muy poco que ver- con la pureza cultual. No, se trata de reflejar la compasión divina y la preocupación por los débiles y quienes tienen hambre y cuando se cosecha, no ocupar todo, dejar algo para los pobres, ser amable con el extranjero, como cuando ustedes fueron extranjeros en Egipto. Como cuando contemplamos los requisitos cada vez más estrictos para los solicitantes de asilo y refugiados. Cuando adoran a este Dios, si es que no te hace ver y sentir como Dios, entonces que la adoración es un culto y para Dios es abominación.

Dios no va a prestar atención a su adoración, ni sus suplicas, porque sus manos están llenas de sangre, la sangre de sus hermanos y hermanas caídos en las guerras que eran evitables. Demuestren su arrepentimiento por cómo tratan a los más vulnerables: el huérfano, la viuda, el extranjero. Cuando eres rey de este pueblo, y este Dios te da la justicia de Dios, es para que la prosperidad prevalezca, prevalecerá porque, como rey, juzga con razón, en especial a los pobres, da justicia a los pobres, da a los necesitados cuando lloran y al pobre que no tiene un ayudador. Se compadece de los desamparados y necesitados y salva las vidas de los pobres. ¿Cuántos de nuestros gobiernos pasarían esta prueba rigurosa?: “¿cómo te serviste a los pobres?”.

Y cuando el espíritu de Dios unge, es para que puedas predicar la Buena Nueva, sobre todo una vez más a los pobres, a predicar la liberación de los presos y para anunciar el año de gracia del Señor, el año del jubileo, el año de liberación, el año de la cancelación de la deuda -de deuda internacional impagable.

Ser partícipes de la naturaleza divina significa que nos volvemos más y más semejantes a Dios, tratar a todos con imparcialidad, incluso a quienes consideramos como malos. Porque ya sabéis, hasta los más malos, los Shipmans, los Saddam Hussein, los Bin Laden -que no te gusten- pero siguen siendo hijos de Dios. Este Dios, que deja que el sol de Dios brille sobre malos y buenos, que hace caer la lluvia de Dios sobre todos, para todos, y nosotros, que queremos ser como Dios, se nos pide perdonar, como Dios nos ha perdonado en Cristo, perdonar incluso lo que consideramos que es imperdonable.

Para ser como este Dios, que no se da por vencido con nadie, que nos ama, no porque seamos adorables pero nos convertimos en adorables solo porque Dios nos ama, Dios nos ama con un amor que no nos deja ir, un amor que nos amó antes de que fueramos creados, un amor que nos ama ahora, un amor que nos amará por siempre, por todos los siglos. Un amor que dice de cada uno de nosotros: “Te amo, eres precioso y especial para mí, te quiero como si fueras el único ser humano en la tierra, te amo y no hay nada que puedas hacer para que yo te ame más porque ya te amo perfectamente”.

Qué increíble y maravilloso es lo que Dios dice, a ti y a mí: “No hay nada que puedas hacer para que te ame menos. Te tomo muy en serio, te llevo -a ti- en cuerpo y alma, lo visible y lo invisible de ti, te amo, te amo, te amo”.

*) El Ilmo. Desmond Tutu, Arzobispo Anglicano Emérito de Ciudad del Cabo.

IMAGEN: Simeón carga al niño Jesús ante la mirada de la Bendita Virgen María, Santa Ana y San José (Ícono de la Presentación de Nuestro Señor Jesucristo del siglo XVIII).

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Un pensamiento en “La Presentación de nuestro Señor Jesucristo

  1. En la entrega 12 hablamos de servir a nuestros semejantes como si estuviésemos sirviendo al Señor. Pensar todo el tiempo en lo que hacía y como lo hacía Jesús, y decimos finalmente que si nos aplicamos en estos pensamientos llegaremos a ser como Ël. ¿Cómo ves?

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