Mensaje ecuménico del Arzobispo Justin, Navidad 2014

Entonces Herodes envío a los sabios de oriente a Belén, y les dijo: —Vayan allá, y averigüen todo lo que puedan acerca de ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a rendirle homenaje. (Cfr. Mateo 2:8)

(23/XII/14) En 2mil años el engaño y la crueldad de los gobiernos y gobernantes no a cambiado desde el rey Herodes. Para muchos cristianos 2014 ha sido un año de sufrimiento desesperado sin precedente desde hace siglos. Las comunidades cristianas han sido desarraigadas de los lugares que habitaron desde la época de Jesús. Junto a ellos, a otros les han cazado, torturado, decapitado, violado y han visto a sus familias, sus medios de subsistencia y su futuro destruido. En efecto, se levanta el clamor de los mártires en toda la tierra: “¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?”.

Al mismo tiempo hemos visto el azote del Ébola barriendo a través de tres países de África occidental, golpeando gente sobretodo cuando exhibe su profunda compasión por la dignidad humana por los demás al tocarles y mantenerles, o lavar sus cuerpos después de la muerte. Los actos de amor se han convertido en el medio de infección y la muerte.

En otros lugares, la inmensa pobreza económica continúa estropeando las vidas y disminuyendo la dignidad de los seres humanos. En Europa, la migración a través del Mediterráneo ha alcanzado niveles extraordinarios, y los países de Europa han dejado de ver cómo el bien común les obliga a apoyarse unos a otros en amor y recibir a aquellos que han huido a través de tales horrores, esos peligros y tales privaciones. Francisco de Roma ha dicho acertadamente, que el Mediterráneo no debe convertirse en un gran cementerio. El individualismo y el egoísmo están causando que los países se encierren en sí mismos y cuiden sólo de sus propios intereses.

Y sin embargo, en medio de la furia del hambre y la enfermedad, quieren seguir regocijándose en el amor de Dios viendo al bebé desvalido, desconocido en Belén 2mil años atrás. En ese nacimiento vemos a Dios, a la humanidad, viviendo todos los aspectos de la vida humana desde su nacimiento en adelante. ¿Cómo podemos nosotros no ser capturados por esta noticia? Miles de millones de personas han sido llamadas para adorar a Jesús a través de los siglos, para que con ellas y los Ángeles nos regocijemos en la presencia de Cristo, el Salvador prometido y la esperanza de que él trae al mundo.

Viene como el único Salvador del mundo y todavía nos encontramos separados por la historia, los credos, las culturas y los hábitos en una iglesia que no responde a él con una sola voz. Esto es falta de amor recíproco. En el último año, viajando por 26 países, he sido abrumado por el amor ecuménico que he recibido, así como por la recepción de la Comunión Anglicana. Uno de los encuentros más emotivos del año fue el de la cristiandad de todo el Medio Oriente y el Levante que se reúnen en el Palacio de Lambeth para orar por el futuro de sus comunidades y dar testimonio de su sufrimiento con esperanza en Cristo. Las impresiones de ese día no me dejarán.

Cristo nuestra luz es nuestra común fuente de fortaleza y esperanza. Oro por un espíritu renovado y solidario entre todos los cristianos para seguir aún más de cerca a nuestro Señor Jesucristo, para traer luz a nuestro mundo atribulado y renuente.

La humildad que dejó el niño Jesús, durante esta temporada nos arrastra desde cero al amor de uno al otro en el humilde, la disposición a morir nuestras preferencias y privilegios, para que el pueblo de Dios pueda vivir y reflejar la unidad en la Trinidad de Dios. Amemos el mundo para que el mundo sepa de qué está hecho, “Dios con nosotros”.

Paz en Cristo.

Reverendísimo y Honorable Justin Welby, Arzobispo de Cantórbery, Primus Interpares de la Comunión Anglicana.

Metropolita y Primado de toda Inglaterra.

Navidad de 2014

 

Foto (Nasa): Luz brilla en la oscuridad.

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Un pensamiento en “Mensaje ecuménico del Arzobispo Justin, Navidad 2014

  1. Hermoso mensaje, pero me hubiera gustado que se hubiera reproducido el mensaje del Papa Francisco dirigido a los sacerdotes, cardenales y demás corte vaticana, sobre todo para que lo lean los obispos y sacerdotes en funciones y aspirantes a ser obispos, sacerdotes, diáconos, etc. Mucho provecho nos haría si lo consideramos y pedimos a Dios que nos conceda la honestidad y el arrepentimiento y volver al verdadero ministerio, sobre todo que nos demos cuenta de nuestro verdadero llamamiento. Un saludo navideño.

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