Consagran primeros peruanos al episcopado

Los arzobispos Idowu-Fearon, Secretario General de la Comunión Anglicana y el Revdmo. Tito Zavala, acompañan a los mitrados después de su consagración.

Los arzobispos Idowu-Fearon, Secretario General de la Comunión Anglicana y el Revdmo. Tito Zavala, acompañan a los mitrados después de su consagración.

[ACNS] Tres nuevos obispos misioneros han sido consagrados por el primado de América del Sur como parte de los planes para que la Diócesis de Perú llegue a ser una provincia de la Comunión Anglicana.

Los nuevos obispos, Alejandro Mesco, Juan Carlos Revilla y Jorge Luis Aguilar, trabajarán junto con el Ilmo. William Godfrey, Obispo del Perú, y tendrán la responsabilidad de las áreas misionales, que se convertirán en diócesis: Arequipa, en el sur de Perú; Chiclayo, en el norte del Perú; Huancayo, en el altiplano central; y Lima, la capital del Perú que se encuentra en la costa del Pacífico.

Las raíces de la Diócesis de Perú se remontan a 1846 cuando el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, José Gregorio Paz-Soldan dio permiso para establecer una Misión Anglicana en Callao – la primera Iglesia no Católica-romana en el país.

La Iglesia fue establecida para servir a la comunidad de habla inglesa de Gran Bretaña y América del norte; pero ahora está fuertemente comprometida a toda la sociedad peruana.

«Las congregaciones peruanas ahora son mayoría, aunque todavía existe una congregación de habla inglesa en la Catedral», dijo el Obispo Godfrey.

La iglesia madre de la diócesis es la catedral El Buen Pastor en Lima; y hay alrededor de 50 iglesias y misiones en Lima y Arequipa, así como estaciones de predicación en Juliaca, Cusco, Puno, Cabanaconde y las zonas periféricas más pobres de Lima.

“Es una Iglesia dinámica y creciente que está comprometida con la predicación del Evangelio, educación cristiana y el ministerio social”. «Con la excepción de la Catedral, sus congregaciones son hispanohablantes».

En una carta al Obispo de Perú, el Arzobispo de Cantórbery, Justin Welby describió la consagración de los tres primeros obispos indígenas en el país como una “cosecha espiritual abundante”; y dijo que recibió noticias del desarrollo con “inmensa alegría”.

“Durante mi visita en septiembre de 2015, aprendí de cómo esta diócesis creció de ocho iglesias y cuatro clérigos en 1998 a un impresionante 50 clérigos y 50 comunidades en 2014, y todavía está creciendo” dijo el Arzobispo Welby.

Se establece un ejemplo para la comunión entera, y nos regocijamos en el avance de la iglesia.

“También señalé con deleite el énfasis en el discipulado y el uso intensivo de la Lectio Divina. Que Dios siga prosperando los esfuerzos de los trabajadores y las congregaciones en este campo fértil de la misión”.

En un mensaje a los tres nuevos obispos, el Arzobispo Justin, que firmó su carta como “tu consiervo en Cristo”, utiliza las palabras de San Pablo a Timoteo (2 Tim 4:2-3): Te encargo mucho “que prediques el mensaje, y que insistas cuando sea oportuno y aún cuando no lo sea. Convence, reprende y anima enseñando con toda paciencia”.

Durante el servicio de consagración, en la Catedral El Buen Pastor en Lima, el Secretario General de la Comunión Anglicana, el Arzobispo Josiah Idowu-Fearon, felicitó al Primado de Sudamérica, el Arzobispo Tito Zavala, “por desafiar al pueblo de Perú a seguir proclamando el Evangelio y crecer hasta convertirse en una provincia independiente tan pronto como sea posible”.

El Dr. Idowu-Fearon también felicitó al obispo diocesano “por su voluntad de renunciar a su gran territorio y crear tres nuevas diócesis misioneras para el crecimiento”.

En su mensaje dijo que los tres nuevos obispos “deben centrarse en proclamar el Evangelio. Las doctrinas son útiles pero sólo el Evangelio la salva”, dijo. “Van a anunciar a Cristo, sirviendo al pueblo y la Iglesia crecerá”.

También habló sobre el costo del trabajo de la misión. La congregación, dijo, “debe estar dispuesta para apoyar a los nuevos obispos con todo lo que se necesita para el crecimiento de la Iglesia”.

“La misión es costosa y deben estar dispuesto a hacer sacrificios”.

También imploró a los obispos que trabajen en equipo, apoyándose unos a otros y compartiendo recursos, regalos e ideas; y “nunca permitir un espíritu de competencia malsana”.

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