Pronunciamiento de La Iglesia Episcopal Hondureña sobre el asesinato de Berta Cáceres

Isaías Capitulo 10: versos 1 y 2

“Ay de ustedes, que dictan leyes injustas y publican decretos intolerables, que no hacen justicia a los débiles ni reconocen los derechos de los pobres de mi pueblo, que explotan a las viudas y roban a los huérfanos.”

¡BASTA YA!

Como iglesia misionera hace seis años iniciamos como la obra pastoral entre el pueblo Lenca en el departamento occidental de Intibucá. El Obispo, los presbíteros, diáconos y la comunidad laica de La Iglesia Episcopal Hondureña lamentamos profundamente el vil asesinato perpetrado contra la dirigente y  defensora de los derechos Indígenas y ambientalista del territorio del rio sagrado Gualcarque  declaramos lo siguiente:

Primero:

La Iglesia Episcopal Hondureña consciente que la vida es por excelencia el don dado por Nuestro Creador,  consciente de que la vida es un derecho universal inalienable de todo ser  humano,  el cual debe ser protegido  tanto  por la sociedad y el Estado  para preservar la justicia, la paz y la convivencia común. Igualmente conscientes de que nuestra Carta Magna  en su  artículo 59 reza que: “La persona humana es el fin supremo de la sociedad y el Estado, todos tienen la obligación de respetarla y protegerla, la dignidad del ser humano es inviolable”, así como también  lo establecido en el convenio 169 de la OIT “sobre los pueblos indígenas y tribales en países independientes” de la cual Honduras es miembro. Consecuentemente se deben de observar las normas

Internacionales enunciados en el convenio, y lo establecido por la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos Tribales e Indígenas. Condenamos enérgicamente el asesinato cometido contra la humanidad de nuestra hermana Berta Cáceres.

Segundo:

Como pueblo de Dios repudiamos enfáticamente este deleznable  acto de asesinato  perpetrado contra la dirigente indígena lenca Berta Cáceres, una mujer valiente, defensora inclaudicable de los derechos tanto de los Pueblos indígenas como de la protección del ambiente, una mujer que deja una huella profunda en nuestro pueblo hondureño, y su muerte genera en nosotros un  sabor amargo,  que nos compele hacer este pronunciamiento.

Tercero:

Como iglesia elevamos nuestra voz profética para que este asesinato no quede en la impunidad, ¡ya basta tanta impunidad!, ¡ya basta tanta violencia contra las mujeres! , es alarmante el  aumento de los índices de violencia contra las mujeres y la poca o ninguna respuesta de las autoridades quienes tienen la obligación sine qua non de defender y preservar sus vidas a través de políticas que aseguren, involucren y  obliguen a  todas las instancias de la sociedad civil y del gobierno a dar una  respuesta urgente a esta problemática:

Por tanto, ante este crimen de lesa humanidad como Iglesia de Dios que somos:

1.-  Pedimos  al Presidente de la Republica  garantice lo prescrito en el artículo 59 de nuestra constitución y en el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional de Trabajo, como también  lo contenido en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos Indígenas) ,  y no descansar hasta que este crimen sea esclarecido, ya que es deber ineludible de la sociedad y  de El Estado  velar por el respeto  a la vida de todo ser humano sin importar su género, condición económica, política, social, por lo cual estamos pidiendo que se haga justicia en este caso concreto.

2. – De igual manera pedimos a los diferentes poderes del estado ejecutivo, legislativo y judicial aplicar las diferentes leyes que en materia de asesinatos, violencia de todo tipo contra las niñas y mujeres están vigentes en Honduras que no sean solo papel mojado sino que sean instrumentos que verdaderamente garanticen y protejan la vida y luchen contra  la violencia contra las mujeres y niñas,  así como por el tráfico humano del cual muchas de ellas son víctimas. Y, en el caso que nos ocupa que cumplan con su deber de honrar la vida , los principios, la lucha en pro de los derechos ambientales; de los derechos de los pueblos indígenas;  contra el narcotráfico  y el crimen organizado  que fueron el estandarte que en todo momento nuestra hermana  Berta Cáceres enarboló de forma incansable durante su vida.

Finalizo con la célebre frase del escritor Pablo Neruda  que  expresa: “Podrán  cortar todas las flores, pero nunca podrán detener la primavera”  

Dado en la ciudad de San Pedro Sula, a los cinco días del mes de Marzo de Nuestro Señor Jesucristo.

Berta Cáceres

Berta Cáceres

Pronunciamiento de La Iglesia Episcopal Hondureña sobre el asesinato de Berta Cáceres

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