Elige Diócesis del Occidente de México su IV Obispo Diocesano

Foto: El Muy Revdo. Ricardo J. Gómez Osnaya se presenta como candidato ante el Sínodo Elector de la Diócesis de México.

(11/XI/17) El Revdmo. Francisco Moreno, Obispo Primado de la Iglesia Anglicana de México (IAM), asistió al Sínodo Elector de la Diócesis del Occidente de México que eligió al Muy Revdo. Ricardo Joel Gómez Osnaya como su IV Obispo Diocesano, con sede en Guadalajara, Jalisco; debido a que el Revdmo. Lino Rodríguez Amaro se acoge a la jubilación por edad.

El Muy Revdo. Alfonso Walls, secretario de la IAM que asistió al sínodo, informó vía electrónica que “es con enorme alegría informarles que ésta mañana, el Sínodo Elector de la Diócesis de Occidente, tuvo a bien escuchar al Espíritu Santo y elegir al Rev. Ricardo Gómez Oznaya como IV Obispo de esa diócesis. Les pido sus oraciones y su apoyo, para apoyar a nuestros hermanos y hermanas en el Occidente para un proceso de transición lleno de bendiciones, de apoyo y de frutos que den gloria a Dios. Gracias al Obispo Electo Ricardo, a su esposa Ericka por su servicio a la Iglesia y por confiar en Dios y en el pueblo en ésta nueva misión que el Señor tiene para ellos”. Agregó que la consagración episcopal podría ser en la primera semana de abril de 2018.

El Deán de la Catedral de San Pablo y Arcediano de San Luis Potosí ha sido electo en la primera y única ronda de votaciones con amplia mayoría.

Aún como laico, el Padre Ricardo implementó trabajo misionero en diversos puntos de la zona metropolitana de Guadalajara, que ha intensificado en San Luis Potosí y otras entidades de la región; asimismo ha reaperturado otra sede de la zona.

El Muy Revdo. Gómez Osnaya ha participado en el equipo de trabajo que reabrió el Centro de Estudios Teológicos de San Andrés (CETSA) donde cursó sus estudios teológicos, del que fuera Deán y es actualmente profesor; ha representado a su diócesis en el Consejo Ejecutivo de la IAM y a la provincia mexicana ante la Comunión Anglicana en el global Consejo Consultivo Anglicano.

En el ámbito ecuménico participa activamente en el grupo de iglesias históricas en Guadalajara y como fundador de la Cátedra Manuel Aguas del CETSA, gestionando la presentación de reconocidos académicos como ponentes, además de impulsar la producción de un libro sobre Manuel Aguas, con patrocinio de la IAM.

Actualmente el esquema financiero para la misma diócesis se desarrolló e implementó a través de un grupo de tarea en donde el también biólogo por la Universidad de Guadalajara (UdeG) colaboró como integrante y se ha desempeñado como tesorero diocesano.

Durante su formación universitaria en la facultad de ciencias, fue electo presidente de la sociedad de estudiantes, abonando a la reforma de la segunda universidad pública más importante de México.

En lo cultural representó a México en Asia, Europa, Oriente Medio y Sudamérica, a través del grupo Ensamble de México y del grupo folklórico de la UdeG, asimismo ha fundado diversos grupos culturales en la región.

El Muy Revdo. Ricardo Gómez Osnaya nació el 8 de agosto de 1960 en Guadalajara, Jalisco; está casado con Erica Martínez de Gómez, con quien tiene dos hijos.

En el mensaje electrónico, el Revdo. Walls agregó: “agradezco en nombre del primado al Obispo Lino su servicio como III Obispo del Occidente y a la Rev. Conchita (esposa del Obispo Lino) por su ministerio de igual manera”.

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Obispos Unidos vs la Violencia Armada

Obispos Unidos Contra la Violencia Armada es un grupo de más de 70 obispos Episcopales (Comunión Anglicana en EEUU) que trabajan para reducir la epidemia de violencia armada en los Estados Unidos, publicaron la siguiente declaración sobre los tiroteos del domingo en Sutherland Springs, Texas.

A raíz del tiroteo desgarrador en la Primera Iglesia Bautista en Sutherland Springs, Texas, nos encontramos llamando a la gente a la oración, y deseando que la palabra no sea tan fácil de pronunciar en los labios de los líderes elegidos que hablan rápidamente, pero no toman ninguna acción en nombre de la seguridad pública.

En la oración, los cristianos encomiendan las almas de los fieles difuntos a la misericordia y el amor de Dios. Suplicamos a nuestro Creador que consuele el duelo y proteja a los vulnerables. La oración no es una ofrenda de buenos deseos vagos. No es un ejercicio espiritual que completado con éxito lo exime a uno de centrarse en asuntos urgentes de interés común. La oración no es una esquiva. En la oración, examinamos nuestros propios corazones y nuestros propios actos para determinar si somos cómplices de los males que deploramos. Y si lo somos, resolvemos tomar medidas; resolvemos enmendar nuestras vidas.

Como nación, debemos reconocer que idolatramos la violencia, y debemos hacer las paces. La violencia de todo tipo denigra a la humanidad; está contra la voluntad de Dios y el camino de Jesús el Cristo. El tiroteo en Sutherland Springs trae el problema de la violencia doméstica, un hilo común en muchos asesinatos en masa, en un fuerte alivio. No solo es esencial que mantengamos las armas fuera de las manos de los abusadores domésticos, sino que, como sociedad, rechacemos las ideologías de dominio masculino que impregnan nuestra cultura y la historia de nuestras iglesias.

Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en nuestro arrepentimiento. Los representantes electos tienen la responsabilidad de aprobar la legislación que proteja a nuestra ciudadanía. Si nuestros representantes no están a la altura de esta responsabilidad, debemos reemplazarlos.

Mientras tanto, sin embargo, pedimos que en honor a nuestros muchos muertos asesinados, los líderes electos que se comportan como si los sucesivos episodios de matanzas en masa son simplemente el precio que paga nuestra nación por la libertad, detengan la repetición reflexiva y corrosiva de la frase “pensamientos y oraciones”

Uno no ofrece oraciones en lugar de demostrar valentía política, sino más bien en la disposición.

Antecesores y sucesores de Lutero en el caso del anglicanismo en México

Participación en el Coloquio Internacional “Protestantismo y mundo moderno: a 500 años del inicio de la reforma luterana y su influencia en Iberoamérica” organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México en el ex Palacio de la Inquisición del 30 al 31 de octubre de 2017*

Presentación

Asumir que la Reforma en Europa inició con la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero es considerado por la comunidad de expertos en el tema una imprecisión, toda vez que hay una serie de antecedentes y otros personajes posteriores a Lutero que contribuyen a lo que se designa como la Reforma.

Por lo anterior es mucho más preciso referirse a las reformas, y en este sentido hay diferentes alcances acaso más o menos profundos, más o menos visibles, o quizá debamos decir más o menos radicales, pero igualmente reformistas en cuanto al –o los— movimientos que buscan volver a formar, no a transformar, sino a recuperar lo que se considera ha sido deformado, es decir a re-formar.

Acaso en este sentido podría entenderse al nazareno como un reformador que desarrolla una hermenéutica y una práctica considerada como heterodoxa por las autoridades religiosas de su época, cuando lo que promovió fue el justo valor de la enseñanza escrituraria (Mt 5:17).

O las diferencias dadas entre los apóstoles Pedro y Pablo en cuanto a la circuncisión, que dejan ver una re-comprensión de las enseñanzas de Jesús.

La necesidad de los concilios de los primeros siglos, evidencian la necesidad de contención acaso de propuestas que consideraban deformistas, por lo que –con la participación del emperador— se determinaría lo ortodoxo y lo heterodoxo.

Incluso los anacoretas y las comunidades monásticas, son en muchos casos el resultado del rechazo a la relación dada entre el emperador y la jerarquía religiosa de los primeros siglos de nuestra era; de ahí que los personajes y movimientos monásticos sean considerados por algunos estudiosos como una propuesta reformista; habría que recordar que la Iglesia está reformándose permanentemente[1].

 

Antecedentes del ethos de la Ecclesia Anglicana

La cristiandad en Inglaterra, la Ecclesia Anglicana, asume que la proclamación del evangelio en la zona data de tiempos apostólicos; si bien no hay un dato contundente de la llegada de la Buena Nueva a la región, sí hay datos que reconocen la participación de obispos de la Ecclesia Anglicana en los primeros concilios, como el de Arlés en Francia en el siglo III y en el de Nicea del siglo IV.

A finales del siglo VI, Gregorio organiza una expedición encabezada por Agustín de Cantórbery para cristianizar la Gran Bretaña, que se sorprende al llegar a una tierra cristianizada y que cuenta con el ministerio tríplice, es decir diáconos, presbíteros y obispos, ante lo que Gregorio recomienda aceptar las prácticas locales que no se oponen a las sanas enseñanzas y prácticas del evangelio.

Sin embargo a finales del siglo VII se realiza un sínodo regional con la finalidad de homologar los usos y prácticas de la Ecclesia Anglicana, con el resto del occidente; en el año 664 se reúnen en la Abadía de Whitby, a cargo de Hilda, y lo que originalmente tenía que ver con el uso de la tonsura y la fecha para la celebración de la Pascua deriva en la autoridad para establecer dichas prácticas.

En el contexto histórico la influencia del Obispo de Roma no alcanzaba para ser autoridad eclesiástica universal, aunque sí era reconocido como un obispo más de la cristiandad, lo que era de uso general heredado desde tiempos apostólicos, sin embargo el rey Oswy de Northumbria prefirió adherirse al uso de la sede imperial por una razón netamente política; así es como la autonomía de la Ecclesia Anglicana se supedita a la autoridad del Obispo de Roma por lo que durante el período comprendido entre los siglos VIII y XVI la autoridad eclesiástica de Roma, influye directamente en la Ecclesia Anglicana.

No obstante hubo pensadores herederos de la original autonomía y que apelaban a la equidad colegiada entre todos los obispos, conforme al uso apostólico.

Otro dato a considerar es que en el tercer lustro del siglo XIII, el monarca de Inglaterra, Juan sin Tierra, impulsa la soberanía de la Ecclesia Anglicana, logrando que quede establecida en la Carta Magna, que si bien es letra muerta en lo inmediato, sería vigente a partir del siglo XVI, ahí se señala lo siguiente:

En primer lugar hemos asentido ante Dios, y por esta nuestra presente carta, confirmada por nosotros y nuestros herederos para siempre, que la Iglesia de Inglaterra será libre y gozará inviolablemente de todos sus derechos y libertades; y haremos que unos y otros sean, por tanto, observados; en consecuencia, la libertad de elecciones, que se ha creído muy necesaria para la Iglesia de Inglaterra, y por nuestra libre voluntad y agrado la hemos concedido y confirmado por nuestra carta, y obtenido la confirmación de ella por el Papa Inocencio III[2]

Por otro lado, en la primera mitad del siglo XIV el monje franciscano Guillermo, del pueblo de Ockham, en Inglaterra, publica su Breviloquium de principatu tyrannico papae, conocido también como Breviloquium; y sus Dialogus inter Magistrum et discipulum de imperatorum et pontificum potestate, más conocida como “El Diálogo”, en ambos cuestiona la potestad universal del Obispo de Roma.

Inmediatamente en el tiempo, John Wyclife influye en la segunda mitad del siglo XIV promoviendo su propia traducción del nuevo testamento al inglés (basada en la vulgata) y una traducción completa antes del siglo XV. Sus seguidores, conocidos como los Lolardos cuestionan la existencia misma del papado y recomiendan el conocimiento bíblico, además de promover el cuidado de los pobres (¿opción preferencial?), entre otros aspectos.

En este contexto, cuando Enrique VIII es contrariado por la negativa de anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, los conocedores de la historia descrita recomiendan al monarca que recupere la autonomía anterior al siglo VII para la Iglesia de Inglaterra, con el multicitado y mal conocido rompimiento entre Inglaterra y la Iglesia de Roma.

Sin embargo, es menester señalar que tras la muerte de Enrique VIII y Eduardo su inmediato sucesor, María Tudor –la hija de Catalina— asume la corona de Inglaterra para restablecer relaciones con la Iglesia de Roma como si nada hubiera sucedido; por la violencia con que re-estableció ese vínculo llegaría a ser conocida con el mote de Blody Mary (María la Sangrienta).

A finales del mismo siglo XVI, con Isabel I como reina, la Ecclesia Anglicana recupera nueva y definitivamente la autonomía apostólica; es en este contexto que el sacerdote y apologeta Richard Hooker argumentaría que “se puede ser católico, sin ser romano”[3]

Por otro lado, Erasmo de Rotterdam es apreciado en tanto sutil reformista de la Iglesia por su crítica a la simonía de las autoridades religiosas, además de su esmero por preservar el Cristo-centrismo con libertad de pensamiento, sin romper con el catolicismo y traduciendo el nuevo testamento.

Acaso en este sentido William van Mildert, obispo de Durham durante la primera mitad del s. XIX, señaló que “durante la reforma, la Iglesia de Inglaterra se volvió protestante con el fin de llegar a ser más verdadera y perfectamente católica”[4].

Por otro lado Stephen Neill distingue cinco puntos de vista acerca del grado de aceptación de la reforma en la Inglaterra del siglo XVI:

1.Quienes señalan que “la Reforma fue una cosa rematadamente mala”

2.Quienes consideran que “fue en conjunto una cosa mala, pero que tenía ciertos rasgos redentores”.

3.Quienes señalan que “fue en conjunto una cosa buena, pero que sería maleada por una violencia innecesaria y que algunas de las buenas tradiciones que rechazó habría sido mejor retenerlas”.

4.Otros son quienes sostienen que “la Reforma anglicana fue la cosa más grande que jamás sucedió (…) que encontró el punto medio”.

5.Y quienes consideran que “habría sido mejor si hubiera ido mucho más lejos[5].

Hasta aquí los antecedentes que del ethos Anglicano.

 

Anglicanismo en México antes de la Reforma juarista

Ciertamente que ninguna denominación no Católica Romana podía establecerse formalmente en México, sino hasta la Reforma del siglo XIX, sin embargo hay indicios de la presencia reformista en lo que autores como Carlos Martínez García y Carlos Mondragón han señalado como la poligénesis del protestantismo en México y en América Latina.

En 1859 Benito Juárez publica la justificación de la Reforma donde señala –entre otras cosas— que dejan al clero “con todos los medios necesarios para que pueda consagrarse exclusivamente, como es debido, al ejercicio de su sagrado ministerio, (el Gobierno) cree también indispensable, proteger, en la República, con toda su autoridad, la libertad religiosa”[6]. Acaso sea un tácito reconocimiento a la existencia de comunidades o personas de otras denominaciones en México.

En esta dirección puede señalarse que el primer Arzobispo Católico Romano de la Nueva España, Juan de Zumárraga, abreva del pensamiento reformista en España, especialmente de Erasmo, de quien reproduce ideas centrales, especialmente en cuanto al papel de las Sagradas Escrituras que son base de la Reforma, por ejemplo su respuesta ante lo que se conoce como las apariciones de la Virgen en el Tepeyac, cuando sostiene –desde su catolicismo— que la revelación de Dios se expresa plenamente en el texto bíblico[7].

El mismo Zumárraga, que gobierna la Arquidiócesis de la Nueva España, introduce la imprenta en el territorio y así divulga como propio el pensamiento erasmista[8] introduciendo con ello el ethos anglicano; insistimos: no es que introduzca el anglicanismo, ni mucho menos, sino el ethos anglicano que es decir católico y bíblico.

Era imposible para todas las denominaciones no romanas establecerse en la Nueva España puesto que en la práctica había ejercicio inquisitorial mucho antes de su formal institución; “ya en 1548 el Arzobispo de Lima había hecho quemar por luterano al flamenco Juan Millar”[9].

El llamado Santo Oficio de la Inquisición –que despachó en este sacro santo recinto donde nos encontramos— formalmente se instituyó en 1571, y sus primeros “autos de fe” condenaron a los azotes a varias mujeres y hombres por poligamia, convencieron de abjurar a algunas personas calificadas de luteranas y estrenaron la hoguera en 1574 con el anglicano George Ribley[10] que había llegado en la flotilla del corsario John Hawkins y había sido abandonado en la huída.

Durante los siglos XVII y XVIII se consolida la inquisición en la Nueva España disuadiendo cualquier posibilidad de visita u organización de toda persona de denominación no católico romanas, pero censurando textos, sin embargo el influjo reformista germina con la sutil difusión que inicia con la obra de Zumárraga nutrida con el pensamiento de Erasmo y que permea hasta el siglo XIX.

Por otro lado, el pensamiento de Hooker, que data de finales del siglo XVI es parafraseado por Miguel Hidalgo; ante las acusaciones de herejía, Hidalgo sostiene en su descargo lo siguiente:

Os juro desde luego, amados conciudadanos míos, que jamás me he apartado ni en un ápice de la creencia de la Santa Iglesia Católica (…) Se me imputa también el haber negado la autenticidad de los sagrados libros, y se me acusa seguir los perversos dogmas de Lutero: si Lutero deduce sus errores de los libros que cree inspirados por Dios, ¿cómo el que niega esta inspiración, sostendrá los suyos deducidos por los mismos libros que tiene por fabulosos? (…). Abrid los ojos, americanos, no es dejéis seducir de nuestros enemigos: ellos no son católicos sino por política: su Dios es el dinero, y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión[11].

El que abolió la esclavitud en la Nueva España se asume católico y sostiene que basa sus “errores” en las Sagradas Escrituras, lo que discrepa plenamente con el posterior Plan de Iguala, que en 1821 elaboró Iturbide y que establece en sus artículos:

1.La religión de la Nueva España es y será la católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna[12].

Con esta declaración, Agustín de Iturbide define lo que Morelos en 1813 y originalmente López Rayón en 1812, habían expresado vagamente como “religión católica”; la precisión surge seguramente porque Xavier Mina se había incorporado al movimiento independentista lanzando su primera proclama en 1817; Mina había conspirado desde Londres, con el acompañamiento de José María Blanco Crespo, conocido también como Blanco White, un sacerdote español originalmente católico romano, de padre irlandés y madre española, se convirtió al anglicanismo en 1812 y en clérigo anglicano en 1815 (aunque en 1835, después de la Independencia de México, se convirtiera en unitario).

Después de la Independencia de México y prevaleciendo la denominación católica romana sin tolerancia de otra alguna, en 1827 el sacerdote José María Luis Mora, establece relaciones con James Thomson, un escocés distribuidor de la biblia en México;[13] Mora analiza el anglicanismo y aunque nunca se convierte, comparte críticamente el ethos anglicano; es decir, se conserva católico apreciando el estudio y el conocimiento bíblico, así lo presenta la cita siguiente:

Como cristianos, como hombres y como ciudadanos deseamos vivamente que se generalice la lectura de las Santas Escrituras, en la cual creemos están interesadas la religión, la humanidad y la patria[14].

Sin embargo, reiteramos su postura crítica y su análisis ante el anglicanismo; en este sentido Mora argumenta que debido a que un gobierno no puede mandar a sus súbditos que profesen ninguna religión “porque la del gobierno como en Inglaterra no puede ser la verdadera, y entonces los súbditos deberían seguir la falsa”[15].

Su análisis cordial del anglicanismo se evidencia cuando señala que “Aunque la iglesia anglicana, a la cual pertenece acaso gran parte de los miembros de la Sociedad (Bíblica Británica y Extranjera), use de una Biblia cuyas lecciones en varios pasajes no son conformes con los de la nuestra, la Sociedad sin embargo por un rasgo de tolerancia cristiana, no nos ha dado sino el texto que nosotros creemos más puro, auténtico y genuino”[16].

Mora participa pues en la promoción del estudio de la Biblia sin romper con su catolicismo.

La insistencia de preservar lo católico y reformado en el ethos Anglicano, se evidencia incluso en los frutos de la Reforma juarista a finales del siglo XIX, específicamente en un sector de los Padres Constitucionalistas, clérigos que respaldaron la iniciativa del Benemérito de las Américas, con el que simpatiza el sacerdote Manuel Aguas, el Lutero mexicano, quien se convierte por la vía autodidacta y que pasaría de sacerdote católico romano a precursor del protestantismo en México, como lo describe Carlos Martínez García[17]; Aguas se adhiere a las filas de la Iglesia Católica Mexicana de Jesús Militante en la Tierra, que sería conocida como la Iglesia de Jesús.

En su búsqueda por el episcopado histórico, entendido como la concatenación de la ordenación episcopal en sucesión con los apóstoles y con Cristo mismo, la Iglesia de Jesús articula con la Iglesia Episcopal específicamente mediante la capellanía para extranjeros de habla inglesa; la Iglesia Episcopal es la comunión anglicana en Estados Unidos con la que se establece el Distrito Misionero de la Iglesia Episcopal en México y que es el antecedente directo de la actual Iglesia Anglicana de México, que se asume como católica pero no romana y evangélica, pero no protestante; pero esa es otra historia.

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* Arturo Carrasco Gómez

[1] Walker, Williston (Traducción de Adam F. Sosa); Historia de la Iglesia Cristiana; Ed. Casa Nazarena de Publicaciones, Guatemala, 1967

[2] https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2698/17.pdf recuperado el 29 de octubre de 2017

[3] Hooker, Richard; Eccesiastical Polity: Selections; Ed. Fyfield Books, Great Britain, 1990

[4] Hassert, Anglicanismo: Protestante o católico, publicado el 24 de enero de 2013 en http://anglicancleric.blogspot.mx/2013/01/anglicanism-protestant-or-catholic.html recuperado el 20 de septiembre de 2017

[5] Cfr. Neill, Stephen; El Anglicanismo; Ediciones Península, Madrid 1966, pp. 27-28

[6] Juárez, Benito, et. Al, Justificación de las Leyes de Reforma; Ed. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México; México, 2009

[7] O’Gorman, Edmundo; Destierro de sombras, luz en el origen de la imagen y culto de nuestra seora de Guadalupe en el tepeyac; Ed. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, serie Historia novohispana/36, Ciudad universitaria, México, 1991.

[8] Bataillón, Marcel; Erasmo y España, estudios sobre la historia espiritual del siglo XVI; Ed. FCE, México, 1966.

[9] Toribio Medina, José; Historia del tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México; Ed. Dirección de publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, colección cien de México, segunda edición, México, 2010.

[10] Alberro, Solange; Inquisición y sociedad en México, 1571-1700; Ed. FCE, México, 1988

[11] Guedea Op. Cit.

[12] Iturbide, Agustín, en Guedea Op. Cit.

[13] Martínez García, Carlos; James Thomson: Un escocés distribuir de la biblia en México 1827-1830; Ed. Cajica, México, 2011.

[14] Idem.

[15] Idem.

[16] Idem.

[17] Martínez García, Carlos; Manuel Aguas, de sacerdote católico romano a precursor del protestantismo en México; Ed. Cupsa, México, 2016

Encuentro con Boff: Crisis civilizatoria y liberación de la tierra

Articuladas por el Observatorio Eclesial, algunas de las personas colaboradoras del encuentro con Leonardo Boff, México 2017

 

(6/X/17) Leonardo Boff, teólogo asesor de Francisco de Roma, intercambió en la CDMX con organizaciones ecuménicas y de la sociedad civil en un encuentro denominado Desafíos de la crisis civilizatoria en el contexto nacional e internacional actual a 50 años de la conferencia de Medellín 1968.

El teólogo brasileño señaló que si bien la crisis es una situación de riesgo, también es una oportunidad para el desarrollo; Boff categorizó las amenazas de la crisis civilizatoria en el principio de autodestrucción, insustentabilidad de la tierra, calentamiento global y la escasez de agua dulce, e indicó que es indispensable cambiar los modos de producción y de consumo, recordando que así lo enfatiza Francisco de Roma en su encíclica Laudato Sí.

Con la gestión del Observatorio Eclesial, que dirige Gabriela Juárez, y tras la bienvenida de la hermana Rosa Margarita, de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México, y Arturo Carrasco-Gómez, sacerdote Anglicano; el encuentro inició con la moderación de Carlos Ventura del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, que dio paso a un crítico contexto nacional mexicano en voz de Dolores González, de Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz) refrendado por Álvaro Delgado, del Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas (Cenami).

La pobreza como causa de la opresión que deriva en migración y la necesidad de que la fe colabore en el ámbito político, fueron señaladas por el teólogo, agregando la injusticia social como efecto del sistema capital y señalando los principios de cuidado, solidaridad, respeto y espiritualidad, para que la crisis civilizatoria supere la razón científica con la razón cordial, asimismo hermanó a toda la creación yendo de la química orgánica a Francisco de Asís.

En el espacio para comentarios y preguntas, Boff destacó que si bien la teología de la liberación tiene al pobre como opción preferencial, él idenitifica a la tierra como pobre que necesita de la liberación; liberar a la tierra significa liberar los ecosistemas, el agua, el aire y la relación de la humanidad con la creación.

Boff indicó que si se considera que la conferencia de Medellín es el bautizo, Puebla ha sido la confirmación de la teología de la liberación; señaló datos del contexto brasileño en paralelo con la crisis mexicana y mundial; identificó la teología argentina de la liberación con Francisco de Roma, destacando que Latinoamérica está llamada a acompañarlo por ser el primer Papa de la región; así como su deseo de una biocivilización como sistema social a través de la articulación mundial de las resistencias regionales al sistema actual.

El encuentro se desarrolló con la colaboración de la Iglesia Anglicana de México, el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, Católicas por el Derecho a Decidir, el Centro Nacional de Comunicación Social, el Centro de Estudios Sociales y Culturales Antonio Montesinos, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México, la Fundación Don Sergio Méndez Arceo, el Secretariado Social Mexicano, el Servicio Internacional Cristiano en Solidaridad con América Latina, la Comunidad Ecuménica Magdala y la Secretaría de Cultura de la CDMX, en el Museo Archivo de la Fotografía de la CDMX.

Antecedentes de la Reforma

(10/X/17) Carlos Martínez García, autor del libro Manuel Aguas, de sacerdote católico romano a precursor del protestantismo en México, (Ed. CUPSA, Mx 2016) publicado con el patrocinio de la Iglesia Anglicana de México (IAM); aperturó el ciclo de Conferencias sobre los 500 años de la Reforma Protestante.

En un recorrido que fue de la época apostólica hasta la contemporánea, el periodista enfatizó a Pedro Valdo, los cátaros, Basilio de Padúa, Guillermo de Ocham, Juan Huss, Erasmo de Rotterdam y Juan Calvino, poniendo a consideración del auditorio las reformas religiosas en lugar de lo que comúnmente se conoce en singular como la Reforma.

Leopoldo Cervantes, anfitrión de la sesión en la sede del templo Ammy Shaday de tradición presbiteriana, enriqueció el intercambio recomendando el filme La vía láctea de Luis Buñuel, y otras obras bibliográficas.

Un recorrido de más de dos mil años en poco más de dos horas, lo que significó prácticamente un viaje a la velocidad de la luz, donde el anfitrión recordó que el conferencista invitado había publicado, entre otros: Apaga la tele y prende un libro.

La calidad y cantidad de preguntas de intercambio evidenciaron que el auditorio quedó prendido con la exposición, misma que concluyó con la compra y dedicatoria de libros autoría del articulista de La Jornada, quien concluyó su participación al micrófono invitando al Coloquio Internacional: Protestantismo y Mundo Moderno, en el otrora Palacio de la Inquisición, de la CDMX el 30 y 31 de octubre de 2017, fecha de publicación de las 95 tesis de Lutero.

Sucesión episcopal en la Diócesis del Occidente de México

(8/X/17) Con sede en Guadalajara, Jalisco, la Diócesis del Occidente de México, de la Iglesia Anglicana de México (IAM) se encuentra en proceso de sucesión episcopal por la jubilación de su titular, el Revdmo. Lino Rodríguez Amaro, quien cumplió 70 años de vida el pasado 23 de septiembre de 2017.

En recorrido por las diferentes congregaciones que constituyen dicha diócesis, la Comisión Diocesana de Búsqueda pone a consideración del laicado y clerecía diocesanos el perfil del Muy Revdo. P. Ricardo Gómez Osnaya, quien visitó la parroquia de San Esteban Mártir, en Tlajomulco y la Catedral de San Pablo en Zapopan, el pasado ocho de octubre.

Anteriormente fue citado para presentar su proyecto en la parroquia El Buen Pastor, en Tlaquepaque y las congregaciones de la Santa Cruz, San Rafael Arcángel y la Santísima Trinidad en la zona norte del estado de Sinaloa.

La agenda diocesana ha programado que el Sínodo Elector sesione el 11 de noviembre del año en curso, en la Catedral de San Pablo.

Ordenación sacerdotal en la Diócesis de México

(7/X/17) El Revdo. Christopher Josué Galván Uribe ha sido ordenado al presbiterado en el Centro Diocesano de San Andrés, por el Obispo de la Diócesis de México, Revdmo. Carlos Touché Porter.

“Ser anglicano es la experiencia más emocionante que me ha pasado, el mejor camino de fe cristiana que pude haber tomado”, declaró el Padre Josué en posterior exclusiva para México Anglicano.

Presentaron para la ordenación al P. Josué: Beatriz Alcántara y Oswaldo Córdova por la parte laical y por la parte clerical los reverendos P. Eduardo Cortés y M. Diana García; la letanía para ordenaciones fue dirigida con el bel canto del Revdo. Alfonso Apicella, mientras que la predicación estuvo a cargo de la Muy Revda. M. Sally Sue Hernández y el P. Juan Manuel Garay fungió como capellán episcopal, mientras que la himnodia se desarrolló con la directriz del coro Laus Deo.

El P. Josué funge actualmente como asistente en la parroquia de Santa María Virgen e integra un equipo clerical que ministra en la Misión de San Mateo Apóstol, en Tecalco, Estado de México; ordenado al diaconado el 11 de marzo pasado, nació el 7 de junio de 1992 en la ciudad de México y estudio teología en el Seminario San Andrés de la Diócesis de México.